El Niño vuelve a aparecer como uno de los factores climáticos a seguir de cerca en los próximos meses. Aunque todavía existe incertidumbre sobre su intensidad, su posible regreso ya empieza a generar preocupación por el impacto que podría tener sobre los patrones de lluvia y la frecuencia de eventos severos.
Para el mercado asegurador y reasegurador, el punto no pasa únicamente por preguntarse si estamos frente a un evento extremo. Muchas veces, el verdadero problema aparece cuando estos episodios se repiten durante una misma temporada y terminan acumulando pérdidas que, vistas por separado, tal vez no parecían tan graves.
Cuando se habla de El Niño, suele pensarse en grandes inundaciones o tormentas severas. Pero, para el mercado, también importa entender cómo esos eventos pueden afectar distintas capas de cobertura, consumir agregados y deteriorar el resultado técnico de una cartera a lo largo del tiempo.
En un escenario moderado, podría darse una mayor frecuencia de lluvias intensas, tormentas y siniestros pequeños o medianos que empiecen a repetirse por encima de lo habitual. Ese tipo de eventos no necesariamente genera una gran catástrofe por cúmulo, pero sí puede desgastar capas bajas y medias, especialmente cuando afecta zonas ya expuestas o carteras con alta concentración territorial.
También existe un escenario más complejo, en el que varias semanas consecutivas de lluvias saturen cuencas, eleven el nivel de los ríos y generen pérdidas más correlacionadas entre sí. En ese punto, el mercado deja de mirar los eventos como hechos aislados y empieza a analizarlos como un problema de acumulación.
Ahí está la clave. El riesgo no necesariamente está en un único evento extraordinario, sino en la repetición de eventos climáticos severos dentro de una misma ventana de tiempo. Una temporada larga, con pérdidas medianas pero frecuentes, puede terminar teniendo un impacto técnico muy significativo.
Históricamente, algunos episodios fuertes de El Niño, como el de 1997–98, dejaron impactos importantes en distintas regiones del mundo, incluyendo Sudamérica. Sin embargo, los llamados “súper El Niño” siguen siendo escenarios menos frecuentes. Por eso, para el mercado, el foco no debería estar solo en el peor escenario posible, sino también en esos escenarios intermedios que, por acumulación, pueden volverse igual de relevantes.
En Latinoamérica, esta lectura cobra especial importancia porque la región combina una alta exposición a riesgos hidrometeorológicos con economías donde sectores como Property, Agro, Energía e Infraestructura tienen un peso relevante. Los últimos episodios de El Niño volvieron a mostrar cómo las sequías prolongadas, las lluvias intensas y las inundaciones pueden afectar activos productivos, infraestructura y continuidad operativa. En mercados como Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, el impacto no siempre se expresa en un único siniestro de gran magnitud, sino en pérdidas que se repiten y tensionan carteras expuestas a inundación, tormenta y daño físico.
Para el reaseguro, esto vuelve a poner sobre la mesa la importancia del análisis de cúmulos, la calidad de la información, la revisión de agregados y la correcta estructuración de los programas. No alcanza con mirar la pérdida probable de un evento puntual. También hay que entender qué pasa cuando varios eventos se superponen, se repiten o afectan zonas con exposiciones concentradas.
El Niño 2026–27 todavía tiene margen de evolución. Más allá de su intensidad final, no hace falta que sea un evento que “rompa” el mercado para que complique el año si las pérdidas empiezan a acumularse. En un contexto donde los eventos climáticos son cada vez más frecuentes y menos previsibles, anticiparse vuelve a ser una parte central de la gestión del riesgo.
Desde THB Regional, seguimos de cerca estos escenarios para acompañar a nuestros clientes en el análisis, diseño y colocación de programas de reaseguro acordes a una realidad cada vez más dinámica. Para revisar exposiciones o alternativas de cobertura, escribinos a contact@thbregional.com.